17.06 Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía

Ayer celebramos el Día Mundial para Combatir la Desertificación y la Sequía, jornada para concienciar acerca de las iniciativas internacionales para frenar la degradación de los ecosistemas más vulnerables a través de un compromiso a todos los niveles de la sociedad. Además se trata de uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible marcados por la ONU (ODS 15.3): para 2030, luchar contra la desertificación, rehabilitar las tierras y los suelos degradados, incluidas las tierras afectadas por la desertificación, la sequía y las inundaciones, y procurar lograr un mundo con una degradación neutra del suelo

Son muchos los factores que favorecen la desertificación; la industria, incluida la de la moda, tiene mucho que ver con este fenómeno. Como en muchos de los procesos industriales de la economía lineal imperante, en la moda las fases de obtención de materia prima y de fin de vida del producto son las más dañinas en este sentido.

La degradación del suelo se asocia frecuentemente a la pérdida de masa forestal. Los bosques son los pulmones del Planeta ya que transforman CO2 en oxígeno y por consiguiente contribuyen a la “limpieza” del aire. Con la erosión del suelo para extraer petróleo, necesario para la obtención de fibras sintéticas como el poliester, y los grandes monocultivos destinados a la obtención de fibras naturales como el algodón, desaparece la vegetación y se degradan los ecosistemas. 

Sin la acción de los bosques llega más CO2 a la atmósfera contribuyendo al calentamiento global, se acelera la desertificación de los suelos y desaparecen especies de flora y fauna, desequilibrando y destruyendo ecosistemas completos.

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El nivel frenético de consumo de moda impuesto por el modelo fast fashion multiplica el impacto que la obtención de materias primas  tiene en el suelo. Hay que frenar este consumo desmedido, sí, y hacer un uso más responsable de los recursos (la ropa) que ya tenemos, sabiendo la huella ecológica que supone que llegue a nuestras manos. Pero también hay que dar un giro radical al modelo de producción de moda. Es imprescindible olvidar de una vez la relación extractivista con la naturaleza y evolucionar hacia un modelo de producción circular basado en el máximo aprovechamiento de los recursos, y en la responsabilidad extendida de todo el ciclo de vida de los productos que se ponen en circulación.

Sin la combinación de consumo responsable y un modelo circular en el que se potencie la reutilización, reducir la degradación que la industria de la moda causa en el suelo es prácticamente imposible. No hay otra alternativa: como ciudadanos debemos responsabilizarnos de nuestras decisiones de consumo y demandar a las empresas que asuman sus responsabilidades. 

¿Qué vas a hacer tú?

05.06 Día Mundial del Medio Ambiente

Mañana es el Día Mundial del Medio Ambiente y en 2019 el foco está en ponerle freno a la contaminación del aire. Según datos de la ONU, 9 de cada 10 personas en el mundo están expuestas a niveles de contaminación superiores a los límites indicados por la Organización Mundial de la Salud. 

Desde Humana queremos recordar que la industria de la moda es responsable del 8% de las emisiones de CO2 a nivel mundial. Tenemos que repensar nuestro consumo de ropa, ya que nuestros armarios llenos prendas que no nos ponemos tiene un alto coste económico, social y medioambiental.

Como ya analizamos en un post anterior, durante todo el proceso de fabricación de ropa se emiten gases nocivos que no solo contaminan el aire que respiramos, sino que además potencian el efecto invernadero y, con ello, el calentamiento global. 

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Por eso es importante la cantidad de ropa que compramos, pero también es vital el material del que está hecha, dónde y cómo ha sido fabricada, etc. Optar por moda sostenible es reducir la huella ecológica que tenemos como consumidores. Y por supuesto lo más responsable que podemos hacer es optar por sacar el máximo partido a las prendas que ya tenemos o, en su defecto, recurrir al mercado de segunda mano.

Según datos de la Comisión Europea, por cada kilo de ropa que se reutiliza y no se envía a un vertedero para ser incinerado o enterrado se dejan de emitir 3,169 Kg de CO2. Por eso siempre decimos que la prenda más sostenible es la ya fabricada.

La responsabilidad es colectiva, de gobiernos, empresas y consumidores, así que hagamos uso del poder que tienen nuestras compras y demandemos a los fabricantes mayor responsabilidad.

Citando a Eduardo-Galeano: Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo. ¿Nos ayudas? 🙂

Reutilizar antes que reciclar

El pasado 17 de mayo se celebraba el Día Internacional del Reciclaje, fecha marcada por la UNESCO para concienciar sobre la necesidad de reciclar con el fin de prevenir el rápido agotamiento de recursos naturales. En la industria de la moda el reciclaje es imprescindible para frenar el impacto negativo que esta tiene en el planeta, tanto en el elevado consumo de recursos como en la exagerada generación de residuos que amenazan al Planeta.

Reciclar es fundamental para garantizar el máximo aprovechamiento de los materiales. Reciclando se reducen las emisiones de CO2 y y el consumo de agua y otras materias primas asociadas a la extracción y producción de nuevas prendas.

Sin embargo un reciclaje efectivo no consiste solo en convertir un tejido viejo en uno nuevo, sino que supone diseñar teniendo en cuenta el fin de vida del producto, para que el reciclaje sea lo más eficiente posible y así llevar a cabo una transición hacia la moda circular. 

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A pesar de todo no debemos perder de vista las ya consabidas 3 R de la sostenibilidad: Reducir, Reutilizar y Reciclar. El reciclaje debe ser siempre la última acción. Es fundamental empezar por la primera R, por reducir. Debemos reducir nuestro consumo, evitando las compras compulsivas y comprando solo lo que necesitamos. 

Antes de reciclar debemos actuar conforme a la segunda R, reutilizar. Aprovechando las prendas que ya existen, ya sea rescatándolas del fondo de tu armario, haciendo un intercambio con personas cercanas o comprando de segunda mano, protegemos al Planeta, ya que la prenda más sostenible es la ya fabricada.

Y por supuesto, cuando la moda ya no se puede reutilizar más, es momento de reciclarla. Si ha sido bien diseñada será un proceso sencillo y eficiente en el que se recupere la gran mayoría de los materiales y se pueda crear una nueva prenda.

 

 

La (sedienta) industria de la moda

Tu ropa necesita agua. Pero en esta ocasión no nos referimos al agua necesaria para lavarla, sino a la que se requiere para llegar a ser lo que es: ropa. Desde que se planta la semilla que dará lugar a la fibra que creará el tejido con el que se confeccionarán las prendas que vistes, intervienen muchos procesos que suponen un consumo elevado de recursos hídricos.

El algodón es una de las materias primas cuyo uso es más frecuente en moda, y además es uno de los cultivos más intensivos en el consumo de agua. El algodón se produce generalmente en grandes explotaciones agrícolas para las que es necesario el empleo constante de maquinaria. Estos enormes monocultivos suponen una importante erosión del suelo y la utilización constante de pesticidas, pero además traen aparejado mucho consumo y desperdicio de agua.

humana-secondhand-moda-sostenible-agua-fin-socialSi observamos en líneas generales las fases de producción de una prenda (obtención de la fibra, hilatura, fabricación del tejido, tintado y efectos, y confección), solo la primera fase supone un 32% del consumo de agua del total del ciclo. Casi un tercio de la cantidad requerida en todo el proceso.

Los siguientes pasos, la fase de preparación de la hilatura y la posterior fabricación del tejido, consumen el 23 y el 11% del agua empleada respectivamente.

La fase de tintado y tratamiento del tejido, es otra de las que más agua consume: un 27%. Estos tratamientos suelen requerir el empleo de agua a altas temperaturas, con su consiguiente gasto energético, tanto para teñir los tejidos como para darles efectos como el desgaste, tan habitual en las últimas décadas.

Cuando se llega al momento de confeccionar la prenda ya se ha consumido prácticamente la totalidad del agua requerida para su fabricación: esta última etapa solo requiere el 7% de los recursos hídricos.

Y ahora el dato: producir una sola camiseta de algodón supone 2.500 litros de agua. ¿No crees que ha llegado el momento de repensar la cantidad de ropa que consumimos y promover la prolongación del ciclo de vida de las prendas mediante su reutilización?

*Información y datos recogidos de los portales Agua Ecosocial y Quantis.